Escrito por G.N.

Se desvanece el capitalismo con rostro humano para las poblaciones en los países ricos de Europa. En Noviembre de 2011, la pinza PSOE-PP modificó el artículo 135 de la C.E. para impedir cualquier ley o decisión administrativa que pudiera interferir con los intereses de los grandes grupos económicos. En nombre del euro, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional imponen a los gobiernos el recorte de salarios y la mercantilización de los derechos sociales. Pero estos políticos antipopulares no son capaces de reactivar la economía ni frenar el crecimiento del paro, la desigualdad y la exclusión. El reformismo keynesiano de la izquierda mayoritaria ha resultado ser una efímera excepción, hoy impotente ante la economía competitiva y globalizada.

La creación de plusvalor para el capital es cada día más autónoma del trabajo. Hay más inversiones en especulación, simulación, adoctrinamiento y represión que en producir los bienes y servicios básicos que aseguren el empleo, la dignidad y la seguridad de la gente. El desorden económico y energético produce confrontaciones armadas y grandes migraciones. Los sucesivos gobiernos de derechas y de izquierdas profundizan su compromiso con el militarismo de la OTAN implicando a nuestro país en operaciones armadas contra los pueblos en lucha y los estados desobedientes. Por eso, la confianza popular en los políticos y las instituciones “de mercado” está en caída libre. Y las mareas de descontento contienen una creciente desafección respecto a la política de mercado.

El bipartidismo que, en España, secuestra el pluralismo político y sustenta una monarquía en descomposición, se desmorona electoralmente. Para intentar evitarlo, prepara un Gran Acuerdo Político y Social inspirado en los Pactos de la Moncloa de 1977 cuyo saldo no puede ser más demoledor: desmovilización social, desembarco del franquismo en la joven democracia, libertad de especulación, corrupción política, aumento de las diferencias y desmoralización ciudadana.

Hoy, nuevas formas de participación abren la posibilidad de evitar las catástrofes de la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra cambiando algo más que el partido en el gobierno. Conviene no olvidar que la sustancia de la democracia es la autodeterminación popular y que el único pacto útil para el pueblo es la cooperación para superar los estertores de la economía de mercado y su monarquía mediante un proceso constituyente por el trabajo digno, la economía social y sostenible, la seguridad alimentaria, la igualdad y la participación.