Escrito por La Garbancita Ecológica

Por la dignidad de los (niños) campesinos.

El modelo agroalimentario argentino ha entrado de lleno en la industrialización, mercantilización y globalización de los alimentos. Esto explica que una potencia alimentaria como es Argentina presente síntomas de hambre y desnutrición en alguna de sus provincias y daños importantes en la salud de los trabajadores del campo y las poblaciones cercanas a los latifundios fumigados con glifosato.

Ahora, los terratenientes argentinos persiguen una ley que proteja sus derechos frente a la “picaresca” de los niños que se “escapan del trabajo para ir a la escuela”.

“Por culpa de las leyes garantistas los menores que trabajan en el campo junto a sus familias abandonan las cosechas para ir a la escuela o para jugar entre ellos. Se ha perdido la cultura del trabajo entre los pibes, los padres no pueden retener a sus hijos levantando la cosecha o haciendo las tareas que tradicionalmente han cumplido en el campo, hay que evitar estas fugas de los chicos de sus obligaciones porque significan una pérdida muy grande para los productores que así tienen que contratar a más peones adultos”. Estas palabras de Alfredo De Angeli, dirigente de la patronal “Federación Agraria Argentina” y senador, se han concretado en el debate sobre una ley para acabar con el trabajo en negro en el congreso argentino.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y la Declaración de los Derechos del Niño (1959) se unifican en la Convención sobre los Derechos del Niño suscrita por todos los países del mundo excepto EEUU, Somalia y Sudán del Sur. 56 años después, De Angeli, quiere legislar el trabajo rural infantil para “terminar con la deserción de los pibes en el campo argentino”.

La revuelta de la patronal agraria para abolir los derechos consagrados por la Convención sobre los Derechos del Niño, recuerda la revuelta de los industriales algodoneros en la Inglaterra Victoriana ante la ley de 1833 para limitar el trabajo de los menores de 13 años a 8 horas, acabando con las jornadas de 12 horas y  corriendo por cuenta del empresario “cierta enseñanza obligatoria”.

“Según la antropología capitalista la edad infantil terminaba a los 10 como mucho a los 11 años. Cuanto más se aproximaba la fecha de aplicación plena de la ley fabril [1836], tanto más se enfurecía la chusma de los fabricantes. Intimidaron al gobierno … que propuso rebajar la edad a 12 años … a la Cámara de los Comunes le flaqueó el valor.. pero rehusó arrojar bajo las ruedas del carro capitalista, durante más de 8 horas diarias, a chicos menores de 13 años y la ley de 1833 entró plenamente en vigor y se mantuvo inalterada durante 44 años”. (Marx, K. El Capital. Libro I. Cap. 8 La Jornada laboral. Pag 338. Ed. S XXI, 1975. Traducción P. Scaron)

La voracidad del modelo alimentario industrial globalizado no tiene límites. El senador que habla, es replicado por el Ministro de Trabajo, pero detrás tiene el poder del agronegocio latifundista y multinacional sojero-aceitero que, en 2008 secuestró el abastecimiento de la población en los supermercados y quemó los campos ahumando varias ciudades para doblegar al gobierno que pretendía subir los impuestos a la exportación de soja.

Grobocopatel, Cresud, Werthein, Bemberg, Adecoagro (Soros) y El Tejar son las empresas de la burguesía terrateniente, que hacen negocio desde la siembra a la comercialización, pasando por la cosecha y la provisión de insumos y servicios técnicos a las explotaciones agropecuarias. Abajo del todo están los hogares más pobres de la Argentina rural, en los que el trabajo infantil familiar está muy extendido. De Angeli, el senador sicario de los latifundistas, en lugar de favorecer la extensión de los servicios sociales para proteger a las familias rurales más pobres y promover la educación de los niños construyendo escuelas para que no tengan que desplazarse hasta 50 kilómetros, quiere legalizar la explotación de trabajo infantil para aumentar el rendimiento del agronegocio sojero.

La Convención sobre los Derechos del Niño se instituyó para proporcionar a la infancia protección jurídica contra las formas de explotación despiadada poniendo freno a la voracidad del capital.

La lucha contra los transgénicos y por la dignidad campesina también debe expresarse en la protección de los menores.

Hoy, 17 de abril, Día de las luchas campesinas:

Denunciamos a Alfredo De Angeli y al agronegocio argentino por querer legalizar la explotación infantil.

Apelamos al respeto de la dignidad humana para que nuestras formas de consumo no favorezcan el engranaje de la explotación infantil que el agronegocio argentino y sus políticos a sueldo quieren legalizar.

Los consumidores europeos debemos reducir la proteína animal de nuestra dieta y aumentar la proporción de legumbres y otras proteínas vegetales. Nuestro consumo de carne barata sólo es posible en base a sufrimiento animal y a piensos de alto rendimiento cargado de medicamentos y cuya base es la soja y el maíz transgénico importados desde Argentina.

POR LA HUMANIDAD Y CONTRA EL NEOLIBERALISMO, ABANDONA EL CONSUMO DE CARNE BARATA. MENOS HAMBURGUESAS Y MÁS LENTEJAS.

TRANSGÉNICOS, NO, NO Y NO. NI IMPORTADOS, NI CULTIVADOS, NI CONSUMIDOS. PROHIBICIÓN TOTAL.

La Garbancita Ecológica

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lacestabasica@lagarbancitaecologica.org