Escrito por La Garbancita Ecológica

se nace, se hace Los hábitos alimentarios humanos expresan las tradiciones, creencias y modos de relación con los ecosistemas para proveer la subsistencia de las poblaciones; están indisolublemente unidos al medio geográfico y a las contingencias de disponer de unos alimentos u otros.

A lo largo del tiempo, los factores que condicionan la alimentación de las sociedades dan respuesta a qué productos consumir o no, relacionados directamente con el aumento o escasez de productos, así como con la transculturalidad en el intercambio comercial de alimentos.

Actualmente el perfil de la dieta está marcado por la cultura hegemónica de la industria alimentaria en detrimento de las dietas tradicionales, cuya base dietética está más apegada al cultivo local y de temporada. En lo que respecta a Europa, un rasgo cualitativo es el consumo excesivo de alimentos superior a la ingesta recomendada para reponer la energía y nutrientes necesarios, en concreto, exceso de consumo de proteína y grasa de origen animal.

Los patrones alimentarios no responden a “modas” o cambios espontáneos de los “gustos” conformados por la “libre elección” de lo que consideremos nos apetezca comer. Ya no es posible separar la pandemia mundial del hambre de la obesidad. Los hábitos no nacen, se hacen dentro del núcleo familiar de referencia y en continua interacción con las condiciones económicas, sociales, culturales, políticas y económicas en las que hacemos la vida.

Como ejemplo pensemos en cómo, en nuestro país, el aceite de oliva virgen extra prensado en frío, aquel que hace bien poco estaba al alcance de todos, ha pasado a estar a disposición de familias “gourmet”, no sólo por el precio que ha llegado a alcanzar, sino porque a las industrias del agronegocio le interesaba la comercialización masiva en el consumo doméstico del aceite de girasol o maíz, qué casualidad coincidente con la expansión planetaria del cultivo de semillas transgénicas de girasol y soja. Es de justicia recordar aquí el estado de alarma alimentaria y las consecuencias letales en miles de personas en España por el consumo de aceite de colza adulterado, qué casualidad también coincidiera con la subida espectacular de precios del aceite de oliva en nuestro “reajuste” al mercado oleícola de la UE.

Las implicaciones sobre nuestra biología de los cambios en el consumo alimentario en nuestra historia reciente es importante conocerlas, nos va nuestra salud y la de nuestros descendientes en ello. Las enfermedades que padecemos están, en muchos casos, relacionadas con los cambios en los patrones alimentarios y los hábitos de consumo. Si quieres saberlos, lee el artículo TRANSICIÓN NUTRICIONAL EN ESPAÑA DURANTE LA HISTORIA RECIENTE, escrito por Dolores Marrodán, Pilar Montero y M Cherkaoui, investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid.