Escrito por Araceli Borbolla

Pobreza energéticaUn hogar está en situación de pobreza energética cuando es incapaz de sufragar la cantidad de energía usada para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o cuando destina una parte excesiva de sus ingresos a pagar su factura energética.

La pobreza energética tiene tres causas principales. La primera es un bajo nivel de ingresos. La segunda es el envejecimiento del parque de viviendas (más del 50% de las viviendas de España están construidas sin ningún criterio de eficiencia energética, y al menos un 16% presentan humedades, goteras o problemas derivados de un mal aislamiento). La tercera es el precio de la energía, que en los últimos cinco años se ha incrementado un 50%.

Pese a la ausencia de estadísticas oficiales, diversos estudios evidencian que la pobreza energética crece. La investigación de la Asociación de Ciencias Ambientales acerca de la evolución registrada desde el año 2012, ha utilizado datos relativos a ingresos y gastos de los hogares (Encuesta de Presupuestos Familiares) y a las percepciones y declaraciones de los mismos (Encuesta de Condiciones de Vida).

Los resultados muestran que en 2012, último año con datos disponibles, el 17% de los hogares españoles (más de 7 millones de personas), tenían dificultades para pagar sus facturas de energía, al destinar más de un 10% de sus ingresos a tal fin. Respecto a 2010, este porcentaje se ha incrementado un 34%. El número de personas que se declaran incapaces de mantener su vivienda a una temperatura adecuada, ha aumentado en un 50 % entre 2008 y 2012. En este último año, el 9% de los hogares (4 millones de personas) declaraba su incapacidad económica para mantener su vivienda a una temperatura adecuada durante los meses fríos. En este mismo año, las compañías cortaron el servicio a 1.400.000 hogares por no hacer frente a los recibos.

En los últimos cuatro años ha empeorado la situación, con el aumento del paro, la disminución de los ingresos familiares, el cese de las prestaciones sociales y otros problemas relacionados con la vivienda. Un factor que es consecuencia del agotamiento del modelo de expansión inmobiliaria de años anteriores y que ha obligado a muchas personas a renunciar a una vivienda adecuada. España es el cuarto país de la Unión Europea con más personas incapaces de mantener una temperatura adecuada en sus hogares.

 

Hogares a los que afecta

 

El análisis de esta problemática en función de la situación laboral del hogar pone de manifiesto el agravamiento de la pobreza energética en los hogares con la persona de referencia en paro. En concreto, en el año 2012 uno de cada tres hogares en paro, aproximadamente 1,2 millones de personas, destinaba más del 10% de sus ingresos al pago de la energía doméstica, en concreto un 34% de hogares frente al 14 % registrado en 2007, es decir un incremento de 142% en 5 años.

Los indicadores demuestran que no sólo los hogares en paro se encuentran en situación de vulnerabilidad. En 2012, 3,4 millones de personas, pertenecientes a hogares con la persona de referencia ocupada, realizaron un gasto desproporcionado respecto a sus ingresos para pagar las facturas de energía. En los últimos 5 años, el gasto de energía en hogares de jubilados ha registrado incrementos del 13 al 21%.

Desigualdad entre Comunidades Autónomas

El estudio concluye que no todas las comunidades autónomas son igual de vulnerables. Algunas muestran altas tasas de vulnerabilidad (Murcia, Andalucía, Extremadura, Cataluña o Castilla-La Mancha) mientras que se sitúan como menos vulnerables: Asturias, País Vasco o Madrid.

Los dos indicadores usados evidencian que, en España, se dan dos tipos de pobreza energética. Una asociada a regiones frías, con inviernos más largos y severos, en hogares con ingresos más bajos, en los que el gasto en energía doméstica es desproporcionado. Otra, en regiones más templadas, donde el hogar se declara incapaz de mantener su vivienda a una temperatura adecuada. En cualquier caso, lo común en los hogares afectados por pobreza energética es que habitan en viviendas de baja eficiencia energética.

Pobreza energéticaDiferencias entre zonas urbanas y rurales

A pesar de que las zonas urbanas densamente pobladas aglutinan un porcentaje de población mucho mayor (22 millones de habitantes) que las zonas rurales o escasamente pobladas (11 millones de habitantes), son estas últimas las que tienen mayor número de habitantes con gasto desproporcionado en la factura energética respecto a sus ingresos: 3 millones de habitantes, frente a los 2,5 millones de habitantes de las zonas urbanas.

Consecuencias de la pobreza energética

Las situaciones de pobreza energética no sólo afectan a las decisiones de gasto de los hogares que necesitan distribuir sus ingresos menguantes entre sus necesidades básicas, sino también a la calidad de vida y a la salud de las personas, hasta el punto que, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la pobreza energética puede estar ocasionando el 30 % de las muertes adicionales de invierno.

En 2012, la mortalidad adicional promedio de invierno en España fue de 24.000 muertes. Según la estimación de la OMS, más de 7000 de estos fallecimientos evitables estarían asociados a la pobreza energética, valor muy superior a las 1129 víctimas mortales en accidentes de tráfico en carretera en ese mismo año. Paradójicamente, el riesgo de sufrir una muerte prematura durante el invierno es mayor en las comunidades con temperaturas más suaves.

Afrontar la pobreza energética

En España, los instrumentos políticos y legales actuales no garantizan el uso y el acceso a la energía a un precio justo. Se aplican medidas correctivas de urgencia, como las ayudas para pagar facturas, pero no resuelven el problema ni prevén situaciones futuras. A esto, se añade la falta de voluntad política y la poca transparencia del sector energético, poco diversificado y controlado en un 95% por cinco empresas. Un escenario que permite la regulación ilegal de los precios por parte de las operadoras, así como la cantidad y calidad de la producción, lo que deja a la intemperie al consumidor.

Entre las posibles acciones que se pueden desarrollar destacan la aplicación de las directivas de mercado interior de la electricidad y del gas que demandan a los estados de la Unión Europea la elaboración de planes de acción para paliar las situaciones de pobreza energética. España no ha aplicado estas directivas, ni ha definido qué entiende por consumidor vulnerable. Se debería aplicar una bajada del IVA al gas y a la electricidad a nivel doméstico, aparte de otras medidas como podría ser la rehabilitación de viviendas.

La solución, sin duda, debe basarse en el uso de las “energías verdes”, la educación energética y la promoción del autoconsumo.

Fuentes consultadas:

“Pobreza Energética de España. Análisis de tendencias”. Asociación de Ciencias Ambientales.