Escrito por Michel Stéfan

Los fenómenos de la salud, la enfermedad y la curación (o la muerte) se explican desde tres grandes conceptos biológicos: la Alopatía, la Homeopatía y la Biomedicina.

 

Estos conceptos difieren en el origen y la naturaleza de las enfermedades, en los tratamientos preconizados y en el arte de mantener la salud. Sin embargo, por fuer­tes que sean las distinciones y, contraria­mente a lo que se cree generalmente, estas tres escuelas no son antagónicas sino com­plementarias. Llegan -en sus aplicaciones- a tiempos diferentes de la enfermedad, y cubren, por sus prácticas reunidas, el conjunto de las necesidades sanitarias.

Alopatía

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Es la forma más clásica de la medicina. Se ha vuelto oficial por su aspecto cientí­fico. Se basa en el estudio de la enferme­dad local considerada como “mal en sí”. La terapia, conforme a este estudio, es esencialmente represiva de los síntomas.

Los medios de acción son, a menudo, re­medios violentos, experimentalmente eficaces,  pero peligrosos por su toxicidad.

La química moderna ha puesto la Alopatía bajo su tutela. Las claves de este método son: diagnóstico y elección del remedio. Esta medicina no trata la causa profunda del mal, sino los efectos (o síntomas) de éste. Actúa en la superficie y no preten­de ir más allá. Su “Etiología” permanece -haga lo que haga fuertemente tintada de “sintomatología”. La “teoría microbia­na de las agresiones” constituye una de sus bases doctrinales.

La Alopatía ignora o no le da ninguna importancia a las fuerzas de la autodefen­sa orgánica y de la autocuración. Engaña al enfermo haciéndole creer que está cu­rado, permitiéndole continuar los errores de vida que le han causado el mal.

La causa humoral subsiste siempre, con lo que aparecen las recaídas y las transfe­rencias mórbidas con  agravaciones sucesi­vas (funcionales, lesionales) hasta el desfallecimiento de la “fuerza vital” y la aparición de las enfermedades centrípetas (las del 3er grado). El organismo renuncia poco a poco a sus esfuerzos de liberación explosi­va (trastornos emuntoriales de forma cen­trífuga, factores de la autocuración).

Deja instalarse profundamente a las sobrecargas (metabolitos) que afectan a los órganos más nobles: médula ósea, células sanguíneas, centros nerviosos (en­fermedades centrípetas, acompañadas de lesiones profundas, bien localizadas a me­nudo irreversibles, cáncer, leucemia, escle­rosis en placas, etc…).

Las consecuencias de la terapéutica alopática son graves. He aquí las más im­portantes: población siempre mejor curada (según la óptica oficial) pero sin dejar de estar enfermos; desarrollo sin fin del arse­nal farmacéutico y de los centros hospitala­rios-quirúrgicos, y riesgo creciente de ver el tesoro nacional perderse en la cueva cada vez más profunda de la Seguridad Social.

La alopatía a pesar de las faltas que na­cen de sus abusos- no es completamente inútil. Al contrario, es indispensable. Si no existiera habría que inventarla. Su lugar es el de la urgencia y los casos excepcionales que representan las grandes dolencias, los desbordamientos microbianos (manteni­dos inútilmente), las lesiones importantes (poniendo la vida del paciente en peligro), los accidentes, etc… Esto representa alre­dedor de un 20% de los casos.

Fuera de este dominio bien delimita­do, la alopatía debería estar prohibida, porque es peligrosa por la toxicidad de sus remedios, perjudicial para los indivi­duos y nefasta para la raza humana.

Todo alópata que utiliza venenos medi­camentarios en los casos benignos, debe­ría ser llevado a los tribunales en nombre de la salud, por uso abusivo de remedios químicos peligrosos. El ejercicio abusivo de la quimioterapia, tal como es practicada corrientemente, debería ser severamente reprimido. No existe todavía una ley, pero debería ser propuesta en el parlamento.

Homeopatía

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Este segundo método ha nacido de los abusos de la Alopatía. Un médico, Samuel Hahnemann, espantado por las consecuencias de la quimioterapia, buscó y en contró un medio terapéutico menos agresivo diluyendo casi al  infinito los me­dicamentos habituales y eligiéndolos de entre las drogas que, en fuertes dosis, pro­vocan el mal que queremos desarraigar. Estos remedios son aplicados después de un estudio minucioso de la enfermedad vista a través del enfermo, de su tempera­mento, de su constitución mórbida, etc…

Se puede decir que la Homeopatía ha alcanzado el fin de su fundador: no supo­ne prácticamente peligro alguno. ¿Pero es eficaz? En nuestra opinión, sus medios son débiles y, a veces, inoperantes. Preten­den, demasiado a menudo, mejoras y las fluctuaciones de los estados mórbidos que oscilan naturalmente, yendo hacia lo me­jor por simple modificación accidental del terreno humoral.

El reproche más severo que se puede dirigir a la Homeopatía es ser una medicina antisintomática. A pesar de sus promesas y de sus drenajes, no afecta al mal profun­do y se contenta con la reparación local de tipo alopático. Sin embargo, tal como es, la Homeopatía -por su “no violencia” tera­péutica- tiene un lugar en nuestro triángulo médico. Este lugar es en el que la Alopatía no puede intervenir mientras que la Bio­medicina está impedida para hacerlo. Tales situaciones se encuentran en los encama­dos, los ancianos, las enfermedades en los muy jóvenes o en los muy viejos, etc…

Ello representa alrededor del 30% de los casos.

Las dos formas de medicina -Alopatía y Homeopatía- no poseen un método de higiene. La Alopatía dispone de un méto­do  simplista, dirigido a la “Teoría micro­biana de las agresiones”,  que se resume en algunas técnicas de esterilización y de vacunación que no ofrecen protección constante y, sobre todo, no desarrollan las inmunidades naturales de las que dis­ponen los animales que viven en contac­to con la naturaleza. Es, en nuestra opi­nión, una grave carencia.

Biomedicina

Biomedicina es la medicinTres_maneras_de_curar_03a clínica basada en los principios de las ciencias naturales: biología, biofísica, bioquími­ca, etc. (Diccionario R.A.E.). Es la tercera escuela y no es, como las precedentes, estrictamente médica.

El Biomédico es, ante todo, higienista por vocación y terapeuta solamente por accidente y se interesa por todas las condi­ciones sociológicas y políticas que influyen en la Salud.

Se puede concebir un “Biomédico­agricultor”, un “Biomédico-arquitecto”, un “Biomédico-instructor”, un “Biomédico­ingeniero”, un “Biomédico-político”, etc…

La Biomedicina es un arte de vivir conforme a las leyes naturales. Da a todas las funciones sociales un sentido nuevo, más humano, no sometido al dominio del contexto económico de producción y consumo. Todo Biomédico, cualquiera que sea su lugar en la sociedad, se identifica por conformar sus actos a las necesidades fisiológicas fundamentales del ser humano y por sus esfuerzos para restituir a éste úl­timo a su entorno natural que una civiliza­ción técnica extrema pone cada vez más en peligro (polución, desnaturalización de los alimentos, etc…).

La Biomedicina, en el plano médico­higiénico, es seguramente la más anti­gua enseñanza del mundo. Se remonta a los sacerdotes del Alto Egipto y a los médicos de la antigua China. Como tes­timonian documentos 10.000 años antes de J.C., se mantenían en las Indias con­gresos médicos donde las artes menores estaban Tres_maneras_de_curar_04representadas por las drogas y el bisturí y las artes mayores por técnicas biomédicas (baños, plantas, alimentos, ejercicios, rayos, fluidos, etc.). Hipócra­tes aprendió medicina en la Isla de Cos, centro Biomédico de la época.

La Biomedicina difiere de la Alopatía y la Homeopatía porque su estudio nos lleva a las leyes de la Salud, y no las de la enfermedad.

La Biomedicina afirma que el hombre sano que sabe conservar su salud me­diante las reglas de la vida no cae enfer­mo. La fuerza vital que hay en nosotros lucha contra los desórdenes orgánicos de una manera inteligente. Es posible recobrar la salud perdida con el esfuerzo de la auto-curación. El enfermo se cura él mismo mejor que con cualquier inter­vención extraña. Detrás del enfermo, está el hombre sano.

La Biblia de la Salud. Tomo 1
                                   http://issuu.com/michelstephan/docs/la_biblia_de_la_salud