El parto más allá de los cuarenta; ¿Dónde está la rigidez?

Las mujeres podemos parir, lo sabe nuestro cuerpo, nuestro útero, lo sabe nuestro cerebro primitivo, pero muchas veces no lo sabemos nosotras, este “nosotras” que se restringe a un conocimiento intelectual determinado por una cultura que ha sometido la mujer durante milenios. Ya dice Michel Odent que la mujer siempre es vista como imperfecta para su función reproductiva: demasiado baja, demasiado delgada, demasiado llena, demasiado estrecha, demasiado joven, demasiado vieja, etc. ¡Nunca está en el momento óptimo! Si la naturaleza propicia la perpetuación de la especie, una mujer que se pueda embarazar, parece de lógica que pueda parir y amamantar. La especie no se lo podría permitir de otra manera. Una niña que no menstrúa no puede parir porque su cuerpo no ha hecho los cambios necesarios para adecuarse a una posible maternidad, ni libera óvulos; una chica que menstrúa, sí. De hecho, los cambios para la adecuación ya se inician antes de la menstruación. Una mujer más allá de los cuarenta, que ovula, puede querer ser madre y la decisión es suya y legítima. No deberíamos sacrificar este deseo por razones exógenas, teóricas, ya salen bastantes impedimentos a la maternidad como para dejarlo sólo por razones de edad. Es la naturaleza y no los hombres lo que indica que ya no toca. Igualar es injusto porque no todas las mujeres inician los cambios a la misma edad, hay variaciones importantes.

Y aún hay más variación, tal vez, en la edad en que cada mujer inicia la menopausia: las mujeres dejan de ovular en edades muy diferentes, puede haber quince años de diferencia de una mujer a otra, y en este tiempo se puede probar de ser madre muchas veces, si se desea. A mí, que la vida me ha llevado a estar en contacto con muchas mujeres que pierden embarazos deseados, me parece de una crueldad absoluta reducir el tiempo fértil femenino: “de 20 a 35 años”, una profilaxis exagerada. Cada óvulo es una oportunidad para una nueva vida; lo sabe muy bien una buena amiga que siempre cuenta que fue el último óvulo de su madre: la tuvo con 45 años, le dio el pecho mucho tiempo y ya no volvió a menstruar. Lo sabe, también, que es un disparate, la mujer que ha sufrido un aborto a los 31 años, pero consigue tener una criatura sana a término a los 41. ¡Que le expliquen a ella que a los 31 era mejor edad! Las estadísticas sirven a la ciencia pero no a los casos particulares. Una mujer pare en el momento óptimo cuando lo hace, no cuando lo dice el especialista. La fertilidad se ríe de la teoría … y, en cambio, ¡parece tan ‘fácil’ cuando nos lo cuentan en la escuela! Nuestra sociedad ve con reprobación las maternidades más allá de los cuarenta, pero los últimos hijos de nuestras abuelas multíparas los tenían a estas edades, y sus condiciones físicas eran, en general, por razón de vidas más duras, peores que las nuestras, la esperanza de vida mucho más corta. Pero no era el primer parto, es cierto, analicemos este aspecto.

Si consideramos que el útero es un músculo potente que tiene un papel destacado en el parto, y que es una parte del cuerpo que no podemos ejercitar “haciendo pesas”, podemos convenir que es un músculo que se mueve ejercitándolo de  otros maneras: con los movimientos de la menstruación, con los orgasmos, con la danza del vientre, etc. Y este hecho nos puede llevar a considerar que un útero a los cuarenta años puede estar mucho más ejercitado que a los veinte. Por lo tanto, mejor, incluso, para tener un buen parto! Además es bastante injusto y malintencionado que aquellas personas que consideran que una mujer es “vieja”, por tanto con el cuerpo reblandecido, lacio, sin rigidez… puedan determinar que la única parte de su cuerpo rígida sea el cuello del útero …¡mira por dónde! Y son tantas las mujeres que demuestran cada día que se puede parir perfectamente el primero, el segundo, el tercer … hijo, después de los cuarenta. Siempre que lo quieran o que les dejen. Se les dé la confianza y el tiempo, elementos imprescindibles en los partos de todas las mujeres del mundo, a cualquier edad. Es la duda por parte de los profesionales en la capacidad de una mujer de cuarenta o más allá de parir que genera intervencionismos innecesarios y que vienen a engrosar los partos intervenidos en estas edades. ¿No tendrá relación con la rigidez mental de quien atiende los partos desde esta perspectiva? ¿No será una aberración  pensar que es mejor provocar el parto a las 38 semanas a una mujer por tener cuarenta años o más? ¿O proponerle una cesárea programada por ese motivo? Estoy convencida que es peor el “remedio” que dejar que la naturaleza y las hormonas sigan su curso; las mismas que han conseguido que esa mujer fecunde y geste el bebé en camino que merece todo el respeto a sus tiempos.

Yo que he parido a los 29 años, a los 33 y los 41, el primero de manera intervenida y el tercero acompañada respetuosamente, me veo con la necesidad de gritar a los cuatro vientos que el parto no tiene que ver con la edad, que es una mentira que, como todas, se cumple si nos la creemos, si nos la hacen creer. Pero la verdad es otra que ha sido repetidamente explicada por Michel Odent, por Consuelo Ruiz Vélez-Frías, por tantos y tantos otros profesionales que conocen la fisiología del parto y lo atienden sin miedo. El secreto es que el poder de dar a luz lo llevamos dentro, no ha desaparecido, sólo se trata de sumergirnos para recuperarlo, tan profundo como sea necesario, según donde lo tengamos de  escondido. ¡ Y siempre es buena edad para una práctica tan saludable: buscar dentro de nosotras! M.Àngels Claramunt, Doula Editora de texto de “Parir sin miedo. El legado de Consuelo Ruiz Vélez-Frías” Ed. Ob Stare, 2009.