Escrito por Pilar Galindo, Colectivo Ecofeminista Las Garbancitas

la senda mutilada

El paradigma dominante androcéntrico de hombre primitivo cazador -cuyo aprovisionamiento permite el desarrollo cerebral que se demuestra en la capacidad de desarrollar herramientas de caza- cada vez está más cuestionado por carecer de base científica.

El “modelo del cazador” básicamente apoyado en la simple y poco convincente noción de que “los primeros humanos partían a la caza de grandes piezas y dejaban a las mujeres y niños en casa” se ha convertido para numerosas autoras -y un creciente número de autores- en un modelo muy endeble que sólo tiene un sentido: demostrar que el papel secundario de las mujeres es “natural” y forma parte de la humanidad desde su origen.

Por el contrario, el “modelo de la mujer recolectora” presentó a las hembras como seres innovadores capaces de contribuir activamente en el desarrollo de la humanidad. Asimismo, debilitó el paradigma del cazador al reconocer que el conjunto madre-cría pudo haber sido un pivote en torno al cual surgieron muchas de las características que nos definen como humanos: bipedismo, desarrollo del cerebro, capacidad de fabricar herramientas, lenguaje.

 

Desarrollo del cerebro y cambios fisiológicos en el cuerpo de las hembras

El proceso evolutivo humano no puede entenderse sin comprender los cambios fisiológicos en la anatomía de la hembra. Los cambios en su pelvis hicieron posible el espectacular desarrollo de nuestro cerebro como especie. Los cambios anatómicos relacionados con la locomoción bípeda propiciaron lo que se conoce como “dilema obstétrico”: andar erguido producía limitaciones en el canal del parto; una pelvis demasiado ancha sería un obstáculo para el desplazamiento. A su vez, la fabricación y uso de herramientas condicionaba una selección favorable al aumento de tamaño del cerebro y, en consecuencia, a cráneos mayores. La solución a este conflicto se resolvió adelantándose el nacimiento de las crías humanas a una etapa menos madura que la alcanzada por otros primates. Consecuencia de ello nacen aún como vástagos frágiles y dependientes que requieren un periodo más largo de atención y cuidados hasta alcanzar el adecuado crecimiento y maduración del cerebro pero también un largo aprendizaje de socialización, en el que el lenguaje es el vehículo principal de transmisión, para incorporarse a grupos o clanes altamente.

Con el bipedismo, la columna vertebral de las hembras ha alcanzado una mayor flexibilidad para equilibrar el cuerpo durante la gestación. Una mayor curvatura lumbar resultó esencial para las primeras homínidas ya que les permitía mantener una actividad normal durante el embarazo.

Es indiscutible que las hembras mamíferas en general y primates en particular son de gran importancia a la hora de preservar la especie. De la eficacia de la hembra en su capacidad reproductora dependerá la supervivencia de la especie. Entre sus múltiples actividades se encuentra la reproducción. Pero no es su único papel. Al igual que los machos, luchan para sobrevivir, buscan alimentos, refugio, se interrelacionan con sus congéneres, evitan a los predadores.

 

La solidez y difusión de ambos modelos: “macho cazador” y “mujer recolectora”.

Desde 1970, un grupo de expertas (Sally Linton Slocum, Nancy Tanner y Adrienne Zihlman) aportan pruebas contrastadas sobre el modelo de mujer recolectora que proporciona recursos alimentarios fundamentales en las sociedades humanas. Estas investigaciones arrojan luz sobre el papel de las mujeres y dejan cada vez más en entredichos a las teorías del macho cazador impulsor de la evolución humana. Sin embargo, no ha tenido la misma difusión que éste.

La actividad recolectora exige el conocimiento de plantas, frutos, raíces e insectos, herramientas para hacerse con ellos, explorar territorios, buena orientación espacial y estar pendientes de las épocas de recolección. Las investigaciones de Tanner y Zihlman llegan a la conclusión de que esta actividad establece la necesidad de inventar herramientas y éstas son los cimientos tecnológicos de las sociedades primitivas.

No puede asegurarse que sólo los machos produjeran herramientas. “Numerosas expertas y también algunos expertos defienden que las hembras fueron prolíficas fabricantes de útiles”. No es creíble que dependieran de los machos en la fabricación de herramientas. Lo más normal es que cada uno se fabricara sus propias herramientas. La lógica del comportamiento instrumental indica que se agudiza el ingenio para desarrollar diseños cada vez más apropiados a las tareas que se requieren. Si las mujeres recolectaban es porque eran inteligentes y fuertes y, por tanto, capaces de fabricar sus propios instrumentos.

El modelo de mujer recolectora se adapta mejor a las mayores necesidades nutritivas de la hembra durante la gestación, la lactancia y la posterior nutrición de las crías con alimentos recogidos del entorno. Se trata de una faceta vital para la especie: el éxito reproductor.

Estas teorías causaron mucha inquietud en los años 70 del siglo XX. Incluso se atribuyeron al clima de la época e interés del movimiento feminista. Muchos paleontólogos despreciaron estas teorías. Algunos tacharon el modelo de mujer recolectora como “ginocéntrico” y sesgado, aunque eran incapaces de ver la subjetividad androcéntrica de la teoría del macho cazador y la falta de pruebas sobre las que se sostenía.

 

Fuente: La senda mutilada. Carolina Martínez Pulido. Minerva Biblioteca Nueva. Siglo XXI. 261 paginas.