Escrito por Aída

Por un mes de marzo ecofeminista

Soy Aida, ahora vivo en Granada, y es donde nació mi hija Ankara el 3 de Julio de 2013, en el Hospital Clínico San Cecilio.

Lo habíamos previsto todo para que naciera en casa, como su hermano Gaia (nacido en casa el 5 de Febrero de 2007, con matronas de Génesis en nuestro pisito de Vallecas, Madrid).

Habíamos desmantelado el cuarto de invitados donde semanas antes habían dormido los abuelos de Madrid y que cuidaron de Gaia mientras yo iba a hacerme la última analítica que me pedían las comadronas de Ocean. Todo estaba listo en ese nuevo nido que me había construido, con una bañera de partos (más parecida a una plaza de toros), una tela colgante del techo, el colchoncito de cuna que ya no usaba Gaia con varios cojines esparcidos por un rincón, y una cortina de mujeres africanas bailando al son de 4 tambores, como las esquinitas de una cama… queríamos que Gaia estuviera cerca, así, si quería, podía acceder a mi y al momento en que naciera su hermana…

Demasiada previsión… eso es lo que pienso hoy, que quizás es mejor no hacer tantos preparativos, así la frustración es menos gorda. Porque así me sentía yo los días posteriores al parto: grande, pesada y densa, no tenía nada de malo en sí misma la sensación de “gordura”, salvo porque tenía un fuerte sentimiento de ira que me inchaba y no me dejaba tranquila y me hacía llorar cada noche.

“Pero la niña venía con meconio, había que ir por si a caso” escuchaba a diestro y siniestro. Y esa fue la razón por la que no me negué a ir al hospital. Pero entramos a las 6 de la mañana y hasta las 10 que tuve a mi niña en brazos no hice más que luchar por mi parto vaginal, fisiológico, normal y mínimamente intervenido. Y es esto precisamente lo que me llenaba de ira, que tuviera que luchar por algo que debería ser nuestro por legítimo derecho, desde el primer momento de nuestra vida, es decir, desde nuestro nacimiento! Porque mi hija tenía derecho a nacer así aún con meconio si no se percibía peligro alguno, como era su caso.

Sólo la matrona que me atendió, sólo 1 persona de todas las que pasaron por mi paritorio, respetó el momento sagrado que es parir y nacer, y fue una suerte que ella estuviera allí, porque sino la historia la contaría hoy muy diferente. Además ella fue la única persona de todo el personal sanitario que leyó mi plan de parto, y no sólo eso, además lo pasó a limpio! Porque llevé el borrador! La ginecóloga entró hablándome muy alto y sacándome del trabajo de parto, tenía que estar acostada con los monitores cuando ella entraba para “que no nos regañara, por el meconio” , pero me regañó cuando le dije que no sabía cuánto pesaba yo exactamente en ese momento, estaba pariendo! “por si hay que poner epidural, tengo que saberlo!” miré a mi chico y enseguida él entendió que debía hablar con ella y hacer todo lo posible para que me dejaran en paz. Cuando entró otra mujer sin identificar pretendía conversar conmigo, también como quien está de tapas por el centro de Granada: “qué tal? Cómo lo llevas?!” sé que quería ser simpática, pero sobra cuando se trata de una mujer trayendo al mundo a su bebé, gimiendo cual orangutana cada 2 segundos, sin respiro, porque Ankara venía con muchas prisas… y porque no quería oir todo cuanto ocurría afuera!

Todo lo que duró el proceso de dilatación y el expulsivo me la pasé gruñiendo muy alto, para no oir las conversaciones que tenían de puertas para afuera: qué habían desayunado, los tacones nuevos, lo que ponían en la tele, la tele, las sintonías de diversos teléfonos móviles… sin tapujos ni disimulo mantenían la zona de paritorios en un ambiente sonoro totalmente contraproducente para parir!! y aún se quedaban ojipláticos cuando mi matrona respondía a todo y a todos en susurros inaudibles para mí, tal cual había escrito en mi plan de parto. Le estaré siempre inmensamente agradecida, porque todo lo demás y todos los demás hubieran cambiado la historia. No se marchó a su casa en el cambio de guardia y se quedó conmigo, eso merece mucho más que su sensación de estar haciendo algo de tapadillo. Me dejó parir a mi hija vaginalmente y en la postura que yo quise y sin inyectarme nada de lo que se suponía que se debía por protocolo. Gracias, eternamente gracias!

Y me quedé con ganas de poner sendas reclamaciones: por el ruidazo y falta de respeto atroz, pero porque esto supone una negligencia médica al interrumpir los procesos naturales y normales de parto. Y la otra para reclamar la actitud completamente desmedida de la sanitaria o yo qué sé qué era porque jamás se te identifican, que me abrió la puerta del baño cuando yo estaba tan agusttito dilatando a oscuras y solita, y a voces mantuvo una pseudoconversación surrealista sobre mi decisión de estar allí sin la luz encendida.

Pero es que esta gente sabe menos que nosotras sobre parir y no activar el neocortex?! Pues que se informen, que son los que trabajan allí.

Sé que el San Cecilio empieza a gozar de cierta reputación de centro respetuoso con los planes de parto y comprometido con el parto y nacimiento respetado/humanizado/natural/normal… da igual cómo lo queramos llamar, yo viví una experiencia que me hace deducir que sólo es una parte del personal de este hospital la que tiene cierta idea de lo que significa “parto”. Sigue siendo una cuestión de lotería, “depende de quien te toque”, y es precisamente esta afirmación que tanto oigo y que tanta grima me da lo que me llevó a hacerme socia y a comenzar una lucha personal por lograr que no dependa de nadie ni de nada el trato que recibas, sino que sea el protocolo mismo el que te avale y la calidad humana del que te asista, porque ciertamente no cualquiera debe dedicarse a esto, y debería ser posible que no cualquiera acceda a la zona de paritorios y posparto de los centros hospitalarios, ya tengan sus titulaciones oficiales y hayan pasado por las cribas oficiales pertinentes; debería ser posible que pasaran también bajo el control de otros criterios y una certificación igualmente oficiales, pero que determinara que efectivamente esa persona es apta para acompañar a una mujer en el momento más importante y rotundo de la vida de su criatura, y uno de los más grandiosos de la suya propia. Deberíamos tener siempre garantías del 100% de que nuestro parto será nuestro, así sea cesárea necesaria, parto vaginal normal o medicalizado de urgencia; en cualquiera de los casos, siempre hay maneras más amables, más dignas y más humanas de acompañarnos en el proceso.

Ojalá mis nietas conozcan esto, y el cambio en el protocolo en la atención al parto y el nacimiento, con una real alternativa en la asistencia sanitaria estatal, como ya ocurre en otros países europeos: parto hospitalario humanizado garantizado, partos en casa de partos y partos domiciliarios.

Gracias a “El parto es nuestro”, por existir y por darnos la inconmensurable oportunidad de darle Voz a nuestros partos

 

Fuente: El parto es nuestro.

http://www.elpartoesnuestro.es/relatos/historia-de-aida-nacimiento-de-ankara?field_centro_value&&field_story_tax_tid[0]=716&sort_by=field_count_value&sort_order=ASC&page=10