Escrito por Pilar Galindo, Colectivo Ecofeminista Las Garbancitas

CAMPAÑA 8 DE MARZO ECOFEMINISTA 2018. Entrega nº 12

ape-1000270_1280Las condiciones ecológicas configuran una compleja red de interacciones que, a su vez, conforman las estrategias alimenticias y reproductoras de hembras y machos en la mayoría de los animales.

Se llama “Ecología del comportamiento” al estudio de los animales en relación con su hábitat natural. El objetivo fundamental es comprender sus estrategias de supervivencia y reproducción: distribución de comida y agua, equilibrio entre demandas conflictivas dentro del grupo, evitar a predadores, cómo encuentran pareja, se aparean y reproducen, cómo cuidan a las crías y las educan para socializarse en el grupo. Los primates –y los humanos entre ellos- desarrollan una enorme adaptación al entorno y la forma más adecuada de supervivencia parece ser su sociabilidad e integración en el grupo. Vivir en grupo significa: a) más competencia para conseguir los recursos pero también, posibilidad de cooperar para obtenerlos; b) mayor protección frente a los predadores; c) más posibilidades de encontrar pareja. En resumen, tiene ventajas en el apareamiento, la reproducción y la defensa frente a predadores.

El estudio de la ecología del comportamiento requiere observación de campo de larga duración que no siempre permite avalarse con datos. Observadores distintos pueden llegar a conclusiones diferentes si no hay un protocolo consensuado. Así y todo, el protocolo varía en función de las conductas que se seleccionen como prioritarias o secundarias.

La mayoría de las investigaciones sobre primates tuvieron en sus inicios, un marcado sesgo androcéntrico. Mostraban la vida de los primates organizada en sociedades complejas pero centrándose en los machos y sus actividades. Hembras, crías, viejos e inválidos quedaban en un segundo plano. La superioridad y el dominio masculino representaban el estado de las cosas. Las hembras eran descritas como sujetos pasivos en comunidades dominadas por machos que desplegaban su agresividad para mantener la jerarquía.

Cuando, en la década de los 70 irrumpieron investigadoras en la observación de campo, encontraron que muchos machos eran pacíficos y, a menudo, mostraban diversos grados de subordinación a las hembras. Las investigadoras comprobaron que los investigadores masculinos observaban lo que más llamaba su atención: luchas entre los machos, gestos llamativos.

Para que un estudio del comportamiento de un grupo tenga un carácter científico debe observarse, a todos los miembros del grupo (macho o hembra, joven o viejo, escandaloso o tranquilo), durante un tiempo adecuado y similar. Fueron las mujeres investigadoras las que iniciaron los protocolos con códigos precisos de observancia, estandarizando los mismos métodos de observación para todos los observadores.

Tras la introducción de estos protocolos, principalmente las investigadoras, pero también otros colegas varones que las siguieron, han mostrado que las “hembras primates son multifacéticas, competitivas, grandes estrategas políticas, a veces víctimas y a veces dominadoras, pero nunca necias y pasivas” (Jahme, 2000). La importancia de las hembras en el grupo social ha introducido nuevos abordajes: a) enfatizar tácticas distintas de la agresión, b) observar que la jerarquía puede tener lugar, o no, en la sociedad primate, y c) machos y hembras son igualmente capaces de competir en rango. Con estos estudios se han debilitado las teorías basadas en testimonios sesgados y cargadas de prejuicios sexistas.

Se desmorona un modelo único de sociedad primate y ha perdido protagonismo la imagen del macho dominante y agresivo rodeado de numerosas hembras con las que se aparea y aparecen sociedades que no siempre se encuentran controladas por machos. No sólo en el simio africano Bonobo, uno de nuestros parientes más cercanos y cuyas sociedades se estructuran en torno a las hembras, como reveló el primatólogo holandés Frans de Waal en la década de los 80, sino también en otras especies de primates.

En los primates, más aún en los humanos, la capacidad de control no está reducida a la fuerza o el tamaño, concurren la habilidad para valorar y controlar una situación y otras estrategias de poder y liderazgo en la cohesión del grupo en las que intervienen factores como: edad, temperamento, composición del grupo, historia de interacciones previas o contexto social presente en el momento de la observación.

Robert Sussman (2000) ha denunciado la subjetividad con la que se han interpretado la territorialidad, las jerarquías dominantes agresivas, el dominio de los machos y los vínculos permanentes macho-hembra. Las estrategias  para dividir el territorio son enormemente variables, la mayoría de las especies de primates viven en grupos que comparten territorios y, a menudo, recursos con otros grupos, no estando clara la defensa agresiva de su espacio. En muchas especies, las jerarquías son ambiguas, inestables o están por completo ausentes. Es más importante de observar la correlación entre rango y éxito reproductor. Raramente está presente la dominancia del macho sobre la hembra tantas veces citada. Es escaso el vínculo permanente macho-hembra y predominan los sistemas de apareamiento múltiple. Igualmente carece de fundamento la teoría de que los infanticidios favorecen la procreación posterior con las madres. Tampoco se ha conseguido probar que los infanticidas tengan más éxito con las hembras que los que no los son.

Lamentablemente, la visión sesgada androcéntrica aún coloniza muchos libros de texto y documentales sobre naturaleza que se difunden en TV y otros medios audiovisuales de amplia difusión. De nosotras y nosotros depende que pierda hegemonía esta visión carente de fundamento científico, pero cargada de prejuicios machistas con los que nos han educado y aún hoy se “educan” nuestros hijos e hijas; de ahí que parezca natural que, por naturaleza, los comportamientos masculinos son violentos y los femeninos deben ser sumisos. Conocer y difundir el trabajo de investigadoras como Carolina Martínez Pulido, ayuda en la tarea de educar en la igualdad a hombres y mujeres.

Fuente: “La senda mutilada. La evolución humana en femenino”. Carolina Martínez Pulido. Minerva. Biblioteca Nueva. Ed. Siglo XXI. 2012. 256 páginas.

Fecha de publicación en web de La Garbencita Ecológica 14/08/2016.