Escrito por Marta Gandarillas - Bio Eco Actual

En el momento de la redacción de este artículo, se acaba de filtrar otro nuevo documento sobre el TTIP (Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión), que la Comisión Europea presenta a EEUU, de cara la 8ª ronda de negociaciones que ha tenido lugar unos días antes de la publicación de este artículo. Unas negociaciones que se han llevado a cabo en la sombra y cuya complejidad se puede deducir, entre otras cosas, por la envergadura de ambas partes (muchos expertos lo denominan la OTAN económica) y por su larga gestación.

Y es que, su origen lo encontramos en la “Declaración Transatlántica” firmada en 1990. Se han ido dando diferentes pasos hasta que en 2011 se creó el Grupo de Trabajo de Alto Nivel para estudiar cómo incrementar el comercio y la inversión entre EEUU y la UE. En 2013 se reconoce el inicio de las negociaciones para alcanzar el acuerdo.

Secretismo en las negociaciones

En contra de la regla del Consejo Europeo, que establece que todos los documentos de las instituciones europeas han de ser públicos, las negociaciones de la que sería la mayor alianza comercial y estratégica del mundo, se han llevado a cabo con un secretismo que ha generado polémica y alarma. Según el Corporate Europe Observatory (CEO), grupo que analiza el poder de los lobbies en la UE, de las 560 reuniones de la Dirección general de Comercio sobre el TTIP, el 92% ha sido con lobbies empresariales y han sido las compañías de comidas, bebidas, piensos, semillas y de la industria biotecnológica las que más a favor han presionado. El año pasado, la defensora del pueblo europea, Emily O’Reilly, abrió una investigación por la falta de transparencia. La lectura de los documentos sobre el TTIP se hace a puerta cerrada y sólo acceden a ellos los miembros de la Comisión de Comercio del Consejo Europeo, encargados de dar el visto bueno. Por otro lado, la Iniciativa Europea Ciudadana (ICE) que reúne a más de 320 organizaciones, sindicatos y organismos de protección de los consumidores de 24 estados miembros, recogió 1,6 millones de firmas contra el TTIP. Al ser rechazada por la Comisión, ha sido recurrida ante el Tribunal Europeo de Justicia.

Este año, la Comisión Europea comenzó a revelar información y a hablar de transparencia. Pero no parece ser esa la realidad. Aunque se afirma que sus objetivos son “reducir la regulación innecesaria” y “facilitar el comercio y la inversión de manera que apoye los esfuerzos de las partes para estimular el crecimiento y el empleo, a la vez que persiguiendo un alto nivel de protección del medio ambiente, de los consumidores…”,  las organizaciones denuncian que provocará una regulación “a la baja” en temas como productos químicos, transgénicos, seguridad alimentaria o estándares laborales, además de dar más poderes a las multinacionales para influir y decidir sobre las normativas de los Estados. En la última documentación filtrada, se deduce que éstas podrían participar en la redacción de las leyes. Cuando la Comisión Europea proponga una ley, el gobierno de los EEUU y los lobbies de las multinacionales, deberán ser informados y consultados, antes incluso que el Parlamento Europeo.

Más poder para las multinacionales frente a los Estados

La cláusula del ISDS, mecanismo de resolución de conflictos inversor-Estado, es la que más alarma ha creado. Las multinacionales podrían demandar directamente ante Tribunales de arbitraje, a países concretos, si ven sus beneficios afectados a causa de decisiones de política pública. A este respecto, la Comisión Europea lanzó el año pasado una consulta pública y el 95% de los que participaron se mostró en contra. Lo cierto es que existen ya ejemplos en el mundo que nos pueden dar una idea de lo que supondría: en 1994 EEUU firmó un tratado parecido con Canadá, el NAFTA. Canadá recibió más de 30 denuncias a través del ISDS, entre ellas, la de la petrolera Ethyl que reclamaba 251 millones de dólares por prohibir diversos aditivos de la gasolina. La eléctrica sueca Vattenfall reclamó 3.600 millones de euros al Gobierno alemán por modificar la normativa estatal para abandonar la energía nuclear. Ecuador fue sentenciado a pagar 2.300 millones de dólares a Occidental Petroleum por frenar la construcción de un pozo de petróleo en el Amazonas.

Aunque en la UE queda mucho por regular en cuanto a alimentación, salud y medioambiente, el TTIP supondría riesgos evidentes. De entrada, en la UE, se aplica el “principio de precaución” por el cual, mientras no se pruebe que una sustancia no es nociva para la salud, no se autoriza y es la empresa productora la que ha de probarlo. Sin embargo, en EEUU se aplica el “principio de riesgo” por el que mientras no se pruebe científicamente y fuera de toda duda que algo es nocivo, no se puede prohibir. En cosmética, por ejemplo, mientras que en la UE están prohibidas 1200 sustancias, en EEUU solamente 12.

Más transgénicos y hormonas en nuestra alimentación

A pesar de que la UE ya importa alimentos transgénicos (como los productos con derivados de soja y maíz transgénicos: lecitina, aceite de soja, harinas…), el TTIP significaría un aumento de dichas importaciones. Por otro lado, aunque España es el único país de la UE que apuesta por los transgénicos (en Cataluña y Aragón se cultiva el 80% del maíz transgénico de Monsanto), la mayor parte de países de la UE prohíben su cultivo.

El 70% de toda la comida vendida en EEUU contiene ingredientes modificados genéticamente. No se exige identificar los alimentos transgénicos en el etiquetaje. En Europa, aunque sea en la teoría, las leyes sí obligan y el acuerdo con EEUU supondría un gigantesco paso atrás.

El tratado conllevaría también levantar a EEUU el veto a la carne y a los productos derivados de animales tratados con hormonas (como la somatotropina bobina, prohibida en la EU y Canadá por estar vinculada, en diversos estudios, al cáncer de mama y próstata y que, sin embargo, es empleada en EEUU para aumentar la producción de leche en las vacas).

Además, en la UE está prohibida, desde hace años, la entrada de carne de aves de corral estadounidense debido a que allí son desinfectadas sumergiéndolas en una solución química “de cloro”, que puede persistir en la carne hasta su consumo.

Más dióxido de carbono y puerta abierta al fracking

Si se incrementa el comercio entre ambas partes, aumentarán el gasto en hídrico, energético y de materiales, así como los residuos y emisiones. La propia Comisión Europea prevé un incremento de la emisión de dióxido de carbono de hasta 11 millones de toneladas métricas.

Por otra parte, en EEUU la regulación medioambiental es más débil que en la UE. En EEUU la práctica del fracking se ha expandido de manera masiva para incrementar el suministro de gasolina (más de 11.400 pozos) y tienen los ojos puestos en las reservas de gas de Europa. Bajo una presión elevada, una mezcla de químicos y agua se inyecta en la roca para extraer gas y petróleo. Esto da lugar a la contaminación de agua potable y suelo que quedan plagados de sustancias tóxicas y cancerígenas y con la posibilidad, según varios estudios, de originar terremotos.

Más información sobre el TTIP:

www.economiaciudadana.org

noalttip.blogspot.com.es

Autora: Marta Gandarillas – Bio Eco Actual

Fuente: Bioeco Actual.

http://bioecoactual.com/es/bio-actualidad/actualidad/3323-ttip-el-tratado-que-amenaza-nuestra-seguridad-alimentaria-y-el-medio-ambiente